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domingo, 4 de diciembre de 2011

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Tengo una manía inconfesable y es que me encanta zambullirme en tus ojos, tocarte en silencio, besarte lentamente por todo el cuerpo. El amanecer nos sorprende mirándonos tiernamente. Después de la batalla siempre viene la calma: desde tu cama todo parece diferente. Tengo una manía incontrolable y es que me gusta morderte en la nuca y arrancar los botones de tus pantalones con tan poca destreza que rueden por el suelo como si fuéran dos gladiadores. Siento una alegría irreprimible cada vez que me despierto a tu lado y me viene a la memoria la noche increíble que se ha ido volando. Y ahora en la calle, camino entre la gente, es hora de sonreír, es el momento de escribir canciones que hablan del presente. Ya no aguanto más, voy a reventar, siento escalofríos por la columna vertebral. Qué sensación de inmortalidad! Como si sólo existiéramos en el mundo nosotros dos, como si el tiempo se detuviera en ese mismo instante, como si acariciará las nubes con las manos.

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